LOS BEBÉS Y SU REPRESENTACIÓN EN EL ESPACIO

martes, 13 de mayo de 2008


Es común que algunos adultos tengan dificultades para encontrar direcciones; manifiestan complicaciones en la realización de alguna tarea de construcción, olvidan como es alguna figura u objeto o tienen dificultades para describirlos, y tienen confusiones con la izquierda y la derecha.

Lo anterior se encuentra relacionado con la habilidad espacial, que inicia su desarrollo desde los primeros meses de vida, de ahí la importancia de estimular a los pequeños en esta área, ayudarlos a ubicarse de mejor forma en el espacio.
Con el recién nacido se puede trabajar la estimulación espacial de varias maneras, una de ellas es recostar al bebé en diversos espacios del hogar; puede estar sobre el porta bebé, en el piso sobre una colcha, en la cama, en brazos de los padres en diferentes posiciones o en su cuna, recostado unos días con la cabeza hacia una cabecera y otros hacia la opuesta; boca arriba, en otros momentos boca abajo, de un lado o de otro, permitiendo que mire diversos lugares, y al mismo tiempo nombrarle los espacios y objetos del lugar en que se encuentra, por ejemplo, “esta es tu recámara” o “ahora te voy a dejar en tu sillita, para que puedas verme mientras cocino”.
Estas actividades se pueden continuar durante el tercer y cuarto mes, y además situar en su campo de visión (a 30 cm.) móviles e ilustraciones, por ejemplo de cuadrícula grande coloreada intercaladamente de colores blanco y negro. Sobre ésta puede pegar figuras geométricas de colores llamativos, principalmente tonalidades rojas, y cambiarlos de lugar; también, hablarle desde diferentes lugares, o mientras nos acercamos o nos alejamos.

A partir del quinto mes de vida se pueden mostrar al bebé fotografías grandes del rostro de papá y de mamá, nombrándolos; puede colocar un espejo irrompible amarrado a los barrotes de la cuna, para que pueda observar todo el tiempo sus propias expresiones al despertar. Observe la reacción del bebé y las muestras de alegría al reconocer los rostros.

A los 8 meses, se puede comenzar a trabajar con los tableros de formas mencionando a los bebés el nombre, color de la figura y tamaño. Durante los próximos meses y hasta el segundo año de vida, también puede permitir que el bebé juegue con diferentes texturas, como gelatina, migajón de pan, fideos cocidos o puré, para que relacione objetos y texturas. Que apile cubos, y meta y saque juguetes de diferentes recipientes.




En el segundo año de vida a algunos pequeños les llama mucho la atención salir a la calle. Aproveche esta situación para llevarlo de paseo al parque, permitiendo que el niño dirija un poco el camino. Oriéntelo también, mostrándole dónde están los jueguitos, cómo llegar a casa o al carro estacionado.
Comience a describirle objetos con características similares para que el pequeño asocie esas características y muestre indicios de clasificación y categorización, por ejemplo puede darle cubos de un mismo color, guardar juguetes según su tipo en diferentes recipientes y al mismo tiempo darle indicaciones de cómo realizar la actividad.

A partir del tercer año de vida el lenguaje de los pequeños es más fluido, integrando muchas palabras en su vocabulario. Al salir en el vehículo con el pequeño dirigiéndose a un lugar determinado, es conveniente hacerle saber al niño a dónde van, cuánto tiempo falta, mostrarle las casas, autos que se encuentran alrededor, en pocas palabras permitirle que explore el camino a la casa de sus seres queridos. Poco a poco él participará más en esa dinámica, posteriormente se le pueden hacer preguntas para desarrollar su memoria sobre lo vivido, por ejemplo “te acuerdas cuando fuimos a la casa de la abuela”; para motivarlo a expresar sus conocimientos, ayudándolo y sin forzarlo.


En casa pueden construir figuras apilando cubos u otros materiales útiles como recipientes o envases que no sean peligrosos para apoyar al pequeño y a la vez permitirle espacio para que realice la actividad a su propio ritmo, sin ayudarlo, o hacer las cosas por él, al mismo tiempo el padre o madre pueden ir realizando otra construcción para que el pequeño imite las acciones realizadas. Después de realizada esta actividad es conveniente destruir sutilmente la obra realizada mostrando al pequeño la relación causa efecto, decirle “Mira si quitamos una pieza ¿derribamos los cubos?, ¿se destruye la casita construida?”. Y permitir que el niño también lo intente sin dar pie al desorden.

Recuerde siempre que cada momento del día es propicio para brindar un estímulo adecuado a los pequeños que se encuentran siempre listos y expectantes para experimentar y aprender algo nuevo del medio que los rodea. Finalmente se debe aprovechar cada momento que pasa junto al pequeño, haciendo como hábito, el ofrecerles nuevas oportunidades de aprendizaje y experiencias, explorando y jugando junto al bebé.

MASAJES PARA MI BEBÉ

viernes, 9 de mayo de 2008

El masaje infantil ayuda a relajar a los niños, a que su organismo sea más resistente, contribuye a que el sueño sea tranquilo y a tener un desarrollo mental positivo. Además, el contacto con la piel de mamá o papá y la del bebé contribuye a fortalecer los lazos afectivos y la comunicación entre padres e hijo.
Otro de los beneficios del masaje es que en el futuro, el bebé es capaz de realizar movimientos corporales más fluidos, madura su sistema nervioso, tiene mayores defensas contra las enfermedades, favorece la circulación sanguínea del bebé, su digestión mejora, entre otros.

Cuando los bebés reciben el masaje sienten una sensación muy agradable porque, además del contacto con otra piel, tienen experiencias a través otros sentidos como la audición, del olfato y de la visión.
Es bueno que el masaje sea parte de una rutina diaria, así el niño sabrá que, por ejemplo, después de bañarlo y antes de vestirlo, el padre o la madre le dará ese masaje tan esperado que para él significa una placentera experiencia. La mayoría de los bebés disfrutan el contacto físico.

Los masajes para bebés de cualquier edad, incluso recién nacidos, deben ser con delicadeza sobre una superficie suave, como una cobija o almohada. Si el bebé está enfermo o ha tenido una cirugía reciente se debe evitar esta actividad.
Es fundamental que la persona que dará el masaje esté relajada, que asigne un espacio de tiempo especial para dedicarlo a esa actividad, sin que sea interrumpida. El adulto le transmite su tranquilidad al pequeño.
Se sugiere que durante la sesión de masaje se pongan melodías agradables como la música clásica para relajarlos a ambos.

Además es recomendable mantener al bebé abrigado, cubriendo las partes del cuerpo que no se frotarán.
Antes de comenzar la rutina de masaje, se debe tener en cuenta que las primeras veces tal vez no será fácil porque el adulto tocará algunas partes del cuerpo que el bebé no está acostumbrado a que le toquen.
Se puede empezar poco a poco considerando ciertas condiciones como que el pequeño no tenga hambre o sueño, que no esté muy cansado, que no acabe de comer, que el clima sea agradable, por ejemplo, en verano la rutina de masaje se puede hacer en el jardín y al final dejarlo unos momentos bajo el sol.

También es importante, al iniciar el masaje, dirigirse y hablarle con ternura al bebé y sonreírle para estimular sus sentidos y hacer que se sienta más cómodo.
Si el bebé desea moverse en diferentes posiciones, hay que dejar que lo haga.
Por ejemplo, si el bebé es recién nacido, es elemental el contacto de la mano del adulto con la piel del pequeño, hay que permitirle que sienta las manos en todo su cuerpo, acariciarlo, sobarlo y luego, con el paso de los días se puede aumentar la presión para convertirlo en un verdadero masaje. Si el cordón no se ha caído, se debe evitar tocar su vientre. Las sesiones durarán unos minutos y con el tiempo se puede incrementar la duración.
Primero, el adulto se debe sentar en el suelo con las piernas estiradas, la espalda recta y los hombros relajados. Cubriendo las piernas con una toalla, tomar al bebé sin ropa y acostarlo sobre la toalla en una posición en que los dos se puedan mirar.

Es bueno aplicar una pequeña cantidad de crema, aceite sin olor para bebés o aceite natural (almendras) para lubricar su piel y que las manos corran suavemente. Con el tiempo, el bebé asociará el aroma agradable con el momento del masaje. Es recomendable entibiar el aceite antes de aplicarlo al pequeño y siempre hacer presiones suaves mientras se masajea al bebé.
Los movimientos deben hacerse con firmeza, siempre de dentro para fuera y del centro para las extremidades o de abajo para arriba. Del lado izquierdo al derecho, y a un ritmo lento y constante, moderando la presión de los dedos según la zona del cuerpo del pequeño.

El masaje se puede empezar por el pecho, deslizando las manos del centro para los lados. Primero el izquierdo y después el derecho.
Después del pecho, masajear los brazos, girando al bebé de lado, sujetándolo por el hombro y haciendo movimientos (con la otra mano) del hombro hacia el pulso, manteniendo siempre un ritmo constante.
Al masajear las manos, se debe estirar suavemente cada dedito. Y lo mismo con los dedos de los pies.
Luego, situar una de las manos del adulto en la altura del estómago del bebé y deslizarla bajando en dirección a la tripita como si estuviera vaciándola. Se deben alternar los movimientos con una y con otra mano. Si el pequeño tiene problemas de gases, el masaje le ayudará a eliminarlos.
Si el bebé no es tan pequeño, se le puede dar la vuelta a su cuerpo y darle un masaje en la espalda, siempre de la parte central a las laterales. Él lo agradecerá con balbuceos y grititos.
Una manera ideal de concluir el masaje es con un baño tibio.
Dar masajes es una actividad muy sencilla y fácil de realizar que al mismo tiempo trae consecuencias positivas para el bebé y la relación de los padres con él. Se puede aprovechar ese tiempo para compartir con los pequeños un momento especial en el día que a la larga los beneficiará a ambos.

Ser una buena masajista requiere de tiempo y paciencia, poco a poco se irá conociendo el gusto del bebé y al mismo tiempo, el pequeño conocerá el masaje, lo aceptará y lo disfrutará.

CONSEJOS PARA FORTALECER LA AUTOESTIMA DEL NIÑO

El afecto, el cariño y la aceptación expresados entre padres e hijos pueden ser considerados una guía de la autoestima, y tienen gran influencia en la forma en que el niño se relaciona con los demás, pues los padres actúan como un espejo donde el pequeño puede “ver” la manera en que es percibido por los otros.

La autoestima es la forma en que las personas se sienten con respecto a sí mismas y cómo se valoran, con determinados aspectos buenos y otros mejorables, y la sensación gratificante de quererse y aceptarse como son por ellos mismos.
Es importante tener en cuenta que durante la infancia los niños son más vulnerables y flexibles, que la autoestima se aprende, cambia y se puede mejorar a través de la estimulación desde el nacimiento. Además, es fundamental la manera en que el pequeño se valora a sí mismo para el desarrollo de la autonomía y los aprendizajes del niño. Todo lo que se consigue en el periodo de la infancia puede marcar su conducta y su postura hacia la vida, en la edad adulta.

Una buena autoestima tiene efectos positivos como la confianza, la autonomía, el ánimo, el interés y el placer de aprender y de realizar sus sueños; por el contrario, un niño que no siente amado y valorado por sus padres, puede desarrollar el miedo de ser abandonado, inseguridad y dependencia hacia sus padres.

¿Cómo ayudar a construir una buena autoestima?
Se le puede motivar al niño para que colaborare en algunas actividades específicas, asignarle algunas responsabilidades de acuerdo a su edad y capacidades, que impliquen su participación e interacción con los demás, y así sentirse útil y capaz de hacer cosas que se valoran en casa; un ejemplo puede ser alcanzarle a mamá un objeto que está cerca del niño, tirar la basura, ayudar a tender la cama; después de hacerlo, siempre reconocer sus logros y agradecer su ayuda.

Es importante también darle la oportunidad al pequeño de que tome decisiones y resuelva algún problema para que aprenda de sus errores de una forma positiva, lo podemos motivar diciéndole “¡sé que puedes lograrlo!”.

También se le puede reforzar positivamente sus conductas, por ejemplo, cuando el niño recoja sus juguetes decirle con cariño y gusto “lo has hecho muy bien” o “gracias”.

Asimismo, se sugieren algunas frases positivas que harán sentir al niño satisfacción, amor, amistad, ganas de mejorar, confianza y que es capaz de hacer las cosas bien; frases como “has sido capaz de hacerlo”, “muy bien, sé que lo harás”, “me siento muy orgulloso de ti ”, “creo lo que me dices, sé que lo harás”, “te mereces lo mejor”, “si necesitas algo, pídemelo”, “te felicito por lo que has hecho”, “te quiero mucho”, “qué bonita sorpresa me has dado”, “sé que eres bueno”, “sabes que quiero lo mejor para ti”, etc.

Lo importante es que el niño se sienta querido y aceptado, pero cuidando con exagerar; la autoestima debe ser positiva, y no más allá de lo real; tan negativo puede ser no demostrarle aceptación y amor, como sobrevalorar sus logros. Por ejemplo, si una niña hace cualquier dibujo en casa, o pinta un libro, y exageramos diciendo “es el trabajo más hermoso”, puede ocasionar que, si la niña sabe que no fue su mejor trabajo, considere que mamá o papá no son sinceros, poniendo en riesgo su credibilidad, o desanimarla para que intente mejorar sus esfuerzos.

Otro aspecto importante es poner límites claros al niño, enseñándole a prever las consecuencias de su conducta, por ejemplo, diciéndole "si no recoges tus juguetes, no podrás usarlos después" y dejar de lado los insultos que no favorecen la autoestima del niño. En lugar de decirle "eres un desordenado, tienes tu recámara como un basurero", es mejor decir "no me gusta ver tu cuarto tan desordenado, me pone muy triste". Así se demostrará que lo que disgusta es el desorden del cuarto, no el niño.

Además, es recomendable no comparar al pequeño con otros niños, incluyendo a sus hermanos; tomar en serio sus deseos, temores, logros, animarle a emprender actividades, demostrarle apoyo y confianza, alabarlo cuando las cosas le salgan bien y también cuando haya intentado hacer las cosas aunque no le resulten.

Cada niño es único y tiene características particulares; si se quiere construir o mejorar la autoestima del niño, se debe considerar su temperamento, sus habilidades, debilidades, mecanismos de defensa, deseos y su nivel de conocimientos; pero más que nada, su necesidad y derecho de ser aceptado y amado; esta necesidad es como el tanque de la gasolina de un auto, que de manera constante debe ser vuelto a llenar; un niño para crecer sano, necesita recibir, también de manera constante, abrazos, besos, palabras cariñosas, de ánimo y aceptación.

LA ALIMENTACIÓN INFANTIL

martes, 6 de mayo de 2008

Los trastornos alimenticios están relacionados, en su mayoría, con costumbres negativas que se viven en la infancia, algunas de estas cuando la madre obliga al pequeño a “comer bien” o la falta de afecto de la madre hacia el bebé en el periodo de lactancia, causando problemas como la obesidad o la bulimia, entre otras.

Desde la edad temprana es de suma importancia que los padres presten atención a las necesidades alimenticias de los pequeños; deben de interesarse en los nutrientes que se les proporcionan, los utensilios que se manejan, la cantidad y tipo de alimentos que se les presentan.
Pero aún más importante es la forma en que los padres obtienen un vínculo afectivo con su hijo al momento de alimentarlo, y de igual manera los estímulos que le proporcionan determinan la calidad de la digestión para que este momento sea positivo.

Desde el embarazo, y luego en la etapa de la lactancia materna, los aspectos que debe cuidar la madre son: alimentarse adecuadamente para proporcionarle nutrientes al bebé, y también es importante que no consuma drogas o medicamentos que dañen los nutrientes de la leche, ya que al ser administrados la mayoría pasa a la leche materna causando efectos teratógenos o malformaciones en los pequeños.

Además de seguir estas recomendaciones el contacto de la madre con su bebé es muy importante; este vínculo se presenta desde la concepción, y al nacer el pequeño necesita conservarlo; por tal motivo es preciso que la madre acerque a su bebé para alimentarlo momentos después del nacimiento.

Es elemental que el recién nacido tenga contacto con la piel de su madre para que sienta seguridad y confianza de los próximos lugares en los que se desplazará y vivirá; igualmente la
madre al momento de amamantar además de tener cercanía con su bebé debe expresarle palabras afectuosas que le demuestren al niño amor.

En esta etapa la sensibilidad de los bebés es lo que predomina, por este motivo su piel y la de su madre son la mejor fuente de comunicación, de tal forma que tienen que conectarse con las sensaciones, cariños y ritmos corporales, a través del contacto constante, ya que esta es una forma de demostrarle que lo quiere, estas sugerencias son fáciles de seguir ya que las madres tienen una forma intuitiva de demostrar afecto a su bebé.

Por medio de este apego mama-bebé se obtendrán múltiples beneficios, como lo son que el bebé adquiere mayor seguridad en sí mismo, y lo motivamos a seguir desarrollándose sanamente, la madre aprende a entender mejor las necesidades de su bebé; además adquiere los nutrientes alimenticios, y afectivos que lo ayudarán a tener un óptimo crecimiento y desarrollo integral.

Después de la lactancia vienen los alimentos sólidos los cuales se deben introducir a partir de los seis meses, entonces a esta edad los nutrientes de la leche materna sólo van a pasar a un plano complementario, por que los alimentos sólidos suministran más variedad de nutrientes.


Para que su pequeño no rechace la mayoría de los alimentos, y la hora de la comida sea divertida, además de seguir las recomendaciones de su pediatra usted puede realizar las siguientes actividades en el hogar:

A partir de los seis meses, dar primero probaditas cada nuevo alimento colado, para que se acostumbre a su sabor, y luego ir incrementando la cantidad y variedad.

Cuando los niños se acercan a un año de edad, la familia los va integrando a la mesa; es entonces cuando los padres pueden facilitarle al niño utensilios propios que a él más le agrade como las cucharillas de plástico de colores que facilitan su manipulación, y permitirle que experimente la consistencia, los sabores y olores de la comida; esto le servirá para conocer sus propios gustos.

La dedicación que le dan los padres a la hora de la comida es muy importante para los pequeños, por tal motivo este momento debe ser relajado, sin exigencias; lo aconsejable es que se den charlas entre los miembros de la familia e integren al niño a estas pláticas, formulándole preguntas como ¿te gusta lo que comes?, ¿de qué color es esta verdura? o ¿jugamos al avioncito?
Según las habilidades de cada bebé, al condescenderle comer solo puede que se ensucie, se le puede permitir si está en casa, o portar un babero si se esta fuera de ella.

En un principió va a usar tanto la cuchara como la mano, o pondrá la comida en la cuchara con la mano, no debe preocuparse, ayúdelo conforme se requiera pero permítale practicar y procure que tengan siempre su propio plato y su vaso.

Al pasar a maternal o ingresar al preescolar la presentación de los alimentos puede ser agradable si se le sirve el platillo con figuras o con diferentes colores, por ejemplo el hacer caritas felices con los alimentos a los niños les agradará, también se pueden imaginar y crear otras figuras en el plato con las que el niño cree una historia al comerse los alimentos.

El tiempo de la comida va unido a los hábitos de higiene, por tal motivo desde que sale el primer diente, se le debe enseñar a lavárselos después de comer, igualmente enseñarle y ayudarle a lavarse las manos antes de comer y después, si es necesario.

También los niños pueden ayudar en la elaboración de los alimentos; puede dejar que acomode las verduras, que exprima los frutos, que pique algunos ingredientes con su ayuda y supervisión, incluso que acomode los cubiertos o servilletas; esto les permitirá adquirir seguridad y sentirse integrados a las labores del hogar.

Tanto en bebés como en los pequeños en etapa preescolar es común que tiren el vaso con agua, esto es por su falta de habilidad motora, no lo regañe, mejor ayúdelo a limpiar juntos el desorden.
Finalmente el momento de la comida es un tiempo habitual de compartir y disfrutar, en el que los adultos pueden hacer que los pequeños se diviertan y aprendan al mismo tiempo.

APRENDIENDO A IR AL BAÑO

El control de esfínteres es un proceso de aprendizaje de los hábitos higiénicos relacionados con el orinar y el defecar, que tiene lugar durante la infancia. El control de esfínteres suele ser primero diurno y luego nocturno.

En algunas ocasiones este aprendizaje despierta mucha angustia en los padres y llega a originar situaciones de tensión con los niños, sobre todo cuando comparan a sus hijos con otros niños.

El inicio del control de la orina y de la popó surge alrededor de los 18 a 24 meses de edad, pero es necesario considerar que varía de un niño a otro dependendiendo del grado de madurez y desarrollo de músculos esfínteres y nervios que hacen posible que el niño los controle; también puede variar conforme al grado de estimulación y convencimiento que los adultos, y especialmente las madres ejercen sobre el pequeño, el medio ambiente que le rodea y las presiones que haya en su entorno.

Los niños pasan por un proceso para aprender a ir al baño: primero, el niño se da cuenta de que ha ensuciado el pañal después de haberlo hecho; después se da cuenta de que está orinando o defecando justo en el momento en que lo está haciendo y finalmente, el niño es capaz de identificar cuando siente necesidad de ir al baño, y controla la evacuación hasta llegar al baño.

Es muy importante lograr que el proceso del control de esfínteres sea algo natural, por ejemplo, hacer que el niño observe a su papá hacer uso del sanitario y la niña a su mamá, y permitirle que se familiarice con el inodoro que va a utilizar, sin presionarlo.

Cuando el niño empieza a avisar para ir al baño le puede hacer comentarios positivos para que se dé cuenta de que tuvo una actitud positiva, demuéstrele que se siente orgullosa de él. Como estrategia puede usar colorante azul en el agua del inodoro para “hacer magia” cuando caiga la orina y se modifique el color.
Puede mostrarle al niño, a través de juegos y con sus muñecos, cómo ellos mismos pueden ir al baño, además platicar con su hijo y decirle que ya no usará pañales porque ya es grande y ahora utilizará un calzón.

Es importante que el niño utilice ropa cómoda que le facilite despojarse de ella cuando sienta necesidad de orinar o evacuar; la ropa apretada puede ser un obstáculo para el pequeño quien aún no tiene el suficiente control como para esperar a quitarse la ropa. Lo mejor es que use ropa con elástico en la cintura, y enseñarle con paciencia a bajarlo colocando sus manos a los lados, con los pulgares dentro de la ropa, y a subirlo, con las manos colocadas una al frente y otra atrás.

Establecer un horario es otra medida que ayuda a formar el hábito; por ejemplo, si sabe que defeca 2 ó 3 veces diarias, se le puede invitar a usar el baño a esas horas. Se puede sentar al niño poco tiempo después de haber desayunado o comido, y al despertar, aunque no haya una respuesta positiva. No deje al niño demasiado tiempo sentado, y acompáñelo con palabras que lo animen.

Se sugiere colocar un banquito frente al inodoro de los adultos para que el niño que quiera imitar a su padre se pueda subir y usar el inodoro o utilizar un asiento adaptable para el escusado.
Al principio, el niño se sienta vestido en el inodoro infantil, y a medida que se sienta preparado, se prueba sin pañal o en ropa interior. Permítale vestirse y desvestirse por sí mismo.

Cuando el pequeño se orine o defeque en su ropa, o se le descubra en el momento en que lo está haciendo, se le dice con claridad y sin gritar “aquí no, vamos al baño”, y se le lleva en ese momento, aún si ya terminó, y al sentarlo, se le dice “aquí hacemos pipí (o popó)”. Evite los castigos o regaños, ya que puede ser contraproducente, y ocasionar estrés en él, retrasando el proceso.

En algunas situaciones no se recomienda iniciar del control de esfínteres debido a que pueden crear angustia en el niño; se debe evitar cuando van a cambiarse de domicilio, cuando está por nacer un hermanito o cuando acaba de nacer, en el periodo de ingreso a la escuela o al existir algún conflicto en la familia.

Las actividades deben desarrollarse dentro de un ambiente agradable, sin castigos, sin obligar, ridiculizar o comparar al niño, respetando su proceso y apoyándolo para que logre su independencia. Aprender a ir al baño es otro paso para la independencia del pequeño, que podemos apoyar, con paciencia y amor, haciéndolo sentir como un campeón.